Museo Chileno de Arte Precolombino
 

Pueblos originarios > Yámana

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Culto y Funebria

Según el sacerdote católico alemán Martin Gusinde, reconocían como ser supremo a Watawineiwa, dueño de todo lo existente, quien da y toma la vida a los hombres, donador de la flora y la fauna. El código moral Yámana representó su voluntad. A él se habrían dirigido con rezos libres, agradeciendo y solicitando protección. Las creencias yámana pueden ser calificadas de animistas, ya que todos los fenómenos naturales fueron ‘culturalizados’ en espíritus. Su cosmovisión estaba marcada por la solemnidad con que era tratada y, por ende, las conversaciones en torno al tema eran poco comunes. Al contrario, los principios y cuestiones morales fueron asunto cotidiano, siendo característica su sencillez, no obstante su contenido fuera de gran profundidad.

La ritualidad era practicada irregularmente y en un ámbito personal. Los yekamus o chamanes gozaban de excepcional poder dentro de la sociedad yámana. Se les respetaba, temía y desconfiaba, la comunidad era impotente ante su poder.
El entrenamiento podía ser individual, realizado bajo la observación de un chamán ya mayor, o por ‘escuelas de chamanes’ o loima- yekamus. Ahí aprendían la curación, la predicción y el auxilio a la caza. No existían exigencias especiales para la realización de esta ceremonia. Los candidatos a yekamus eran hombres jóvenes con facultades y talento para desempeñar este rol, acudían por voluntad propia. Los candidatos se veían enfrentados a una rígida posición, a la falta de sueño y alimentación y mucho silencio, para incrementar su sensibilidad e irritabilidad nerviosa, provocando por ende un aumento onírico. Convertirse en yekamus implicaba la pérdida de la personalidad, que era ocupada por un espíritu.

Por otra parte, el Ciexaus fue la ceremonia de iniciación de la pubertad, tanto para hombres como para mujeres. El objetivo de esta institución fue lograr un adiestramiento físico parar obtener las habilidades necesarias para la vida adulta y proveer una oportunidad de sociabilidad a la comunidad yámana. En ella salía a la luz el abundante patrimonio espiritual yámana. En el Kina, cronológicamente posterior al Ciexaus, solo participaban los varones jóvenes para ser introducidos a un ámbito de ideas mitológicas que los hombres consideran de su exclusiva propiedad. A pesar de esto, un hombre podía no participar de esta celebración con total indiferencia de la comunidad, pues su realización podía pausarse por años. La principal meta del Kina fue recordar a las mujeres la supremacía masculina Esta ceremonia resulta extraña en el orden social Yámana y seguramente fue traída desde territorio Selk’nam. Estas ceremonias se realizaron por última vez entre 1920 y 1923.
También existió un rito de duelo donde participaba todo el grupo: una batalla simulada entre hombres y mujeres. Posterior a ella el cuerpo y pertenencias del difunto eran cremados y todos se marchaban. El lugar de cremación era evitado durante años y el nombre del difunto nunca más pronunciado. Existía gran temor a los muertos, especialmente de parte de los chamanes. Otras modalidades funerarias fueron depositar los cuerpos, envueltos en trozos de cuero y cortezas de árbol, en abrigos rocosos. El entierro en el conchal o directamente en la tierra parecen haber estar impulsados por el contacto misionero.