Museo Chileno de Arte Precolombino
 

El encuentro > Rapa Nui

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Monumentos de Isla de Pascua

La isla preciada

A partir de esa travesía, y durante varios años, la isla habitada por una población de navegantes, agricultores y pescadores polinésicos, se escondió para Occidente. Numerosas fueron las expediciones que trataron de ubicarla, como los viajes de circunnavegación que realizaron el capitán inglés John Byron (1764-1766) y el capitán francés Louis Bougainville (1766-1769). Hacia 1769, una flota de la Real Armada española dirigida por Felipe González de Aedo, zarpó de El Callao, con el objetivo de llegar a la Tierra de Davis. Los hombres arribaron a ella y la bautizaron como San Carlos. La recorrieron, levantaron planos y perfiles, y recogieron información sobre su población y recursos. También dibujaron las enormes figuras de piedra con sus cabezas impresionantes, los espíritus de los ancestros de cada linaje labrados en roca, respetados por los nativos. En 1774, el comandante inglés James Cook, desembarcó en la isla, recorrió Hanga Roa y se dirigió hacia el interior. Lo acompañaban el naturalista alemán Johann Reinhold Forster, y el artista inglés William Hodges, que retrató los moais, la atmósfera y la luz que los envolvía. Esas ilustraciones formarían parte del imaginario europeo sobre la Isla. En 1786, la expedición francesa dirigida por el almirante La Pérouse también recorrió brevemente algunos de sus rincones.

En el siglo XIX, se inició una historia distinta del contacto entre Rapa Nui, Europa y las repúblicas americanas. En 1805, una expedición desembarca en la isla. Eran norteamericanos, cazadores de mamíferos marinos. Raptaron a un grupo de nativos, que luego condujeron a Juan Fernández como mano de obra para las tareas de captura de ballenas y focas. Actividad altamente rentable que respondía a la creciente demanda, en los mercados de Europa, China y Estados Unidos, del aceite, pieles y cartílagos extraídos de esos animales. Rapa Nui se convirtió en un lugar preciado para la caza de esclavos y la búsqueda de mano de obra para duras tareas, como la recolección de guano en las costas del Perú. Hacia 1863, cerca de 2.000 rapanui fueron llevados como esclavos a ese país. Una de las grandes consecuencias de esos contactos fue la abrupta disminución de la población, junto a la introducción de enfermedades infecto-contagiosas, como viruela, tuberculosis y sífilis. Por esos años, se inicia la evangelización de una población que alcanzaba cerca de las 1.800 personas.

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