Museo Chileno de Arte Precolombino
 

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Mapa del estrecho de Magallanes, 1838. Sala Medina.

Entre gigantes y pequeños

En 1558 el navegante español Juan Ladrillero tomó posesión de esas tierras en nombre de Dios, la Corona y el gobernador García Hurtado de Mendoza. Allí se encontró con otras gentes, de “mediano cuerpo y mal proporcionados”, que se mantenían con pescados, mariscos, lobos marinos y aves, que iban vestidos con cueros de lobos y otros animales, que andaban en canoas, que no tenían “poblaciones”. Eran los pequeños de Fuego-Patagonia. Años después, Sir Francis Drake, el renombrado pirata, divisó a esos cazadores y recolectores marinos con sus canoas de corteza de árbol. Eran los salvajes de ese territorio.

En 1580, Pedro Sarmiento de Gamboa cumplía una vital misión: explorar el estrecho para buscar posibilidades de fortificación ante el inminente peligro de la piratería. Fondearon en una de la bahías, los hombres bajaron a tierra y vieron a los naturales que allí vivían: gente grande portando arcos y flechas, vestidos con pieles de animales. Ellos eran los habitantes de la Tierra de los Fuegos, cuya vida íntima, social y espiritual, permanecería en lo desconocido para los exploradores.

A ojos europeos, gente gigante y pequeña habitaba ese territorio fueguino. Los gigantes eran los ona o selk’nam, grupos de cazadores y recolectores terrestres que ocupaban Isla Grande de Tierra del Fuego. Entre los pequeños estaban los canoeros y recolectores marinos, los yaganes o yámanas, que habitaban los canales y archipiélagos adyacentes a la región del Cabo de Hornos, y los alacaluf o kawashkar, que vivían en ciertas áreas de los canales y archipiélagos adyacentes al estrecho de Magallanes, y hasta por lo menos el Golfo de Penas. Que incluso navegaban por el sector costero de la Patagonia Occidental, manteniendo contacto con otro grupo de canoeros, los chonos, del archipiélago de las Guaitecas y ciertas islas del sur de Chiloé.

Durante varios siglos, los contactos con todos estos grupos fueron intermitentes. Hacia el siglo XIX en Fuego-Patagonia la caza intensiva de mamíferos marinos, la explotación minera, y la actividad ganadera de tipo comercial, bajo el modelo de la estancia y la crianza de ovejas provocaron serios y graves efectos en la vida de esas poblaciones. Pero esa ya es otra historia, muy lejos de los primeros contactos del siglo XVI en el mar de los navegantes cruzando las aguas de los indígenas, con sus antiguas capitas y sus diademas de plumas, sus cuerpos desnudos, pequeños y pintados, tan pocos, y a la vez tantos.
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