Museo Chileno de Arte Precolombino
 

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El cacique Lientur se enfrenta al ejército español

Reforzando la resistencia desde los valles centrales al sur de Chile

Cuando los españoles llegaron a Chile central, la resistencia de los nativos se orientó a mantener el control de los valles y las tierras bajas mediante la disposición de los guerreros en puntos estratégicos y fortificados. Ese tipo de guerra es la de fuertes o pukaraes. Entre 1541 y 1544, la oposición indígena se hizo sentir con mucha fuerza. Se formaron verdaderas federaciones entre los cacicazgos locales a fin de combatir la conquista española. Los fuertes eran los lugares donde se concentraba la población y los recursos necesarios. Además, la decisión indígena de retirar las comidas y los ganados de las tierras donde habitualmente vivían, dirigirse a los montes y hacer fortalezas, dificultó la sustentación de los mismos españoles en esos lares. Los hispanos resistían la guerra de pukaraes que los caciques Michimalonko, Tanjalonko, Vitacura y Cateloe desarrollaban. Al mismo tiempo que los indígenas se desplazaban hacia el sur del valle del Maipo, aumentando la necesidad española de contener la posibilidad de un ataque mayor. Por ello, se establecieron alianzas políticas con las jefaturas indígenas para contar con su colaboración, como es el caso del cacique Quilicanta, quién ofreció cuatrocientos guerreros a Valdivia para ir en contra de Michimalonko. También los españoles reorganizaron algunas poblaciones indígenas, les entregaron tierras a ciertos linajes que habían sido despojados de ellas, y repartieron semillas y granos a los grupos que viniesen en paz.

Los peligros eran muchos. Era vital mantener el control en las inmediaciones de Santiago. Más aún, cerca de seiscientos indígenas fueron enviados a servir en las minas de Marga Marga, en la costa, lo que exigía la vigilancia de los hispanos. En 1542 se supo que en tierras promaucae, los naturales se agrupaban para realizar un alzamiento general. Ese año fue la batalla del pukara de Angostura, y con un signo brutal se marcó la épica victoria: Valdivia dejó colgados a algunos caciques y autoridades principales. Era vital aplastar la resistencia en ese territorio. Pedro de Valdivia envió, en varias oportunidades, grupos de hombres para llamar a la paz a quienes habían huido del valle del Mapocho hacia el valle del Maipo, mientras más poblaciones seguían trasladándose hacia el sur. Esto era un obstáculo para la entrega de encomiendas o reparto de indios. Por ello la construcción de un fuerte hispano era clave para contener los alzamientos. Así, en las inmediaciones del río Maule se levantó uno, con la doble intención de mantener una frontera y enviar expedicionarios hacia el río Biobío, para tener noticias de las tierras y las poblaciones que controlaban los caciques Andalién y Reinoguelen.

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